En la noche sepulcral se asoma a lo alto una luz espectral de brillo nacarado, es la luna que se postra cuál lucero radiante en lo más alto de la oscuridad, "eres y no, lo más bello que han visto mis ojos", clama la tigresa en la plana pradera, corriendo, buscando alcanzar un rayo de luna.
Tigresa es, la encarnación felina de un alma salvaje, aquella que nunca pudo ser domada más que por el amor, y le clama a la luna desde el centro de la noche. "VEN", susurra la luna, y para Tigresa esa es la palabra que guía los más increíbles saltos, pero llegar a la luna es imposible cuando las rayas de tu piel no fueron hechas para volar. Tigresa llora, y se reprocha su naturaleza animal. "La culpa no es tuya Tigresa" dice la Luna, »la culpa es mía por amar a un ser de carne y sangre« piensa la Luna.
»Quiero estar contigo« ruge la tigresa, ante la imposibilidad de su amor tan inverosímil.
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