Tú, aquí como la agradable marea de un atardecer de verano, crepúsculo melifluo. Yo, en este y otros lados como el viento cruel que crea tornados. Quizás es el encierro del ave dorada, quizás el talón de Aquiles de aquella oscura sirena, peligrosa bestia. Quizás el vuelo cortado del ave apresada. Y allá, en algún sitio el zorro negro encuentra refugio, y no, no es en la rosa negra que alguna vez creció, ahí donde la leche era dulce y el piso de plumas. Es aquí, en este infierno vil que al tocar el agua se convierte en piedra, es aquí, en esta flecha de espinas que encuentro, el centro rojo oculto con sutil gracia en el núcleo de una estrella moribunda.
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